5 de octubre de 2010

En una relación con...

*Sonido de vidrios rompiéndose*

Yo:
(voz aguda) He said whaaaaaaaaaaaaaaaat?
Informante X:
Sí... Así mismo.
Yo:
Wow... Estoy en shock... Esto es too much.
Informante X:
Sí, yo sé. Pero velo de esta forma: esquivaste esa bala.
Yo:
Sí, bueno...
Informante X:
Y... ¿Cómo te sientes?
Yo:
(silencio)
Informante X:
... ¿Lau?
Yo:
Me siento bien.
Informante X:
¿Seguro?
Yo:
¡Oh sí!

*En mi cabeza y con ritmo tropical de Mermelada Bunch: ¡Me liberé, me liberé, me liberé!...*

Si en este preciso momento me preguntan "¿Laurita, cómo te sientes?" por primera vez en varios -largos- meses, puedo contestar con un genuino "¡Bien, vale!" e incluso, quizás agregarle una sonrisita o un chiste.

Ya al fin me siento libre. Ya no siento la necesidad de cuestionarme ni de pensar qué pude haber hecho mal. Simplemente, no era yo -era él.

Ahora que ya puedo asumir con plenitud y placentera libertad mental mi soltería, he decidido retomar una relación que dejé en stand-by. La mejor relación que he tenido y que nunca debí dejar por nadie.

Decidí volver con la única persona a la que le permito tener poder sobre mi estado de ánimo. La persona que puede hacerme reír recordando chistes viejos, puede hacerme llorar por alguna película y puede hacerme rabiar en cualquier discusión -tenemos unas discusiones largas y acaloradas que me encantan.

Esta persona es quien mejor me conoce, sabe mis miedos, sabe mis anhelos, sabe lo que me apasiona y conoce mis deseos más profundos, los que no les digo a nadie. Me conoce sin tener que sentarse a hacerme preguntas.

Es la única persona con la que podría vivir sin sentirme amarrada -aunque hemos tenido nuestros encontronazos, como todas las parejas- porque sabemos cuándo nos necesitamos y cuándo debemos darnos un espacio.

Tenemos los mismos gustos, podemos pasar un domingo viendo películas, escuchando música o tomando unas birras y nunca habrá silencios incómodos ni miradas furtivas al reloj contando los minutos para que el momento se acabe. Podemos estar sin hacer nada, sin hablar y aún así sentirnos en la mejor compañía que podemos estar.

Esta misma persona, unos meses atrás, me recordaba lo valiosa que soy, me recordaba mis logros, me hacía entrar en razón, me daba excelentes consejos, me decía lo bonita que me veía por las mañanas y lo satisfecha que debía sentirme al final del día.

Eso sí, nos encantaba ponernos retos, ponernos obstáculos y superarlos sólo para buscar un reto mayor. A veces podemos ser muy competitivos.

Es la persona que siempre me dijo "ve con cuidado" y no quise escuchar. La que me dijo "no me gusta para dónde va eso. Aún puedes arrepentirte" e ignoré por completo. Cometí el terrible error de pensar que alguien más podía ocupar su lugar. ¡Qué tonta fuí!

Es una lástima que me tomara tanto tiempo darme cuenta, pero supongo que quien verdaderamente te quiere, siempre te espera... Y yo llevo tiempo esperando por mí misma.

Aunque a veces quiera buscar el botón de apagado de mi cerebro, quiera arrancarme los pelos y me cuestione de pies a cabeza hasta quedar con mi autoestima hecha jirones; Nadie -NADIE- me va a querer tanto como me puedo querer yo. Es por eso que -aquí y hoy- decidí que voy a retomar mi relación más larga, más duradera, más sólida y más sincera: Mi relación con Laura.


P.D.: Además, he escuchado por ahí que esa jevita es... ¡GE-NIAL!



3 comentarios:

Jose dijo...

Arriba la esquizofrenia

Laura dijo...

Yo lo justifico como "esquizofrenia necesaria"... C'mon! It's not that bad!

Marii ♥ dijo...

Viah tener que disfrutar más con mí misma también! :D

Excelente!