7 de noviembre de 2010

Confesiones desde el foso

Hace días que tenía ganas de escribir algo, tenía la necesidad, más no el tema. Me sentaba frente a la computadora, iba a Blogger, Nueva Entrada y nada. Me quedaba viendo el cursor titilar sin escribir una palabra, pero el nudo en mi garganta permanecía.

"¡Necesito escribir algo, Dios mío!" -me gritaba en mi mente, pero no lograba nada. Ni escribir ni entender qué era esa sensación de tener algo atascado entre la mente y el corazón que se negaba a salir.

Pasé mucho tiempo intentando convencerme de que ya estaba bien, de que el tiempo está haciendo su trabajo y que, poco a poco, estaba volviendo a ser la misma Laura de siempre. Falso. Nadie puede mantenerse siendo "el mismo" luego de vivir ciertas experiencias en la vida y yo no soy la excepción.

No me puedo quejar con respecto a mi vida últimamente, he tenido muchísimas satisfacciones: saqué 20 en mi tesis, dos cortos en los que participé fueron proyectados en un conocido local de Caracas, he conocido mucha gente nueva, me han invitado a salir y en líneas generales me he tomado la vida con una actitud bastante positiva.

Siempre he considerado que uno de mis peores defectos es ser inconforme -no quiero decir que la conformidad sea buena tampoco, pero creo que a veces espero demasiado de la vida- y a pesar de todas las bendiciones que recibo día a día, de las pequeñas cositas que me hacen sonreír y de toda la gente que me hace sentir que valgo la pena; no puedo evitar recordar que tengo una herida que, aunque ya no sangra, todavía no cicatriza.

Confieso que en esos momentos que bajo la guardia, me viene a la mente algún recuerdo seguido por el inevitable sentimiento de traición. El mismo que acompaña cualquier desengaño.

No, no lo extraño ni me hace falta. Pero el mal sabor que me dejó toda esta experiencia permanece, unas veces más intenso que otras.

Confieso también que aún se me atragantan las preguntas y las palabras que nunca me atreví a hacerle. Son tantísimos los "¿por qué?" y muchos más los "¿por qué a mí?". Me dije a mí misma que escribiría todo lo que aún quería decirle, sin censurarme, lo guardaría y lo olvidaría; pero ni eso he podido hacer. Temo tener que enfrentarme cara a cara con la desilusión y darme cuenta, una vez más, de que no significaba NADA en su vida. Esa creo que es la peor parte.

A veces también me pongo a pensar en que mi error no fue creerle, sino creerme que era suficiente para llenar sus expectativas cuando nunca lo fui, por la simple razón de que nunca me quiso realmente a mí sino a ella. Este tren de pensamiento inclemente siempre termina con "¿Qué tiene ella que no tenga yo, si ella nunca lo quiso como yo y nunca estuvo para él como lo estuve yo?"... La respuesta aún no la consigo y creo que es mejor así.

Tal como lo predije, estoy de nuevo estancada en mi inconformidad. No aparece nadie que me mueva el piso, nadie que me provoque maripositas en el estómago, nadie que me haga levantarme con una sonrisa en las mañanas. Estoy otra vez buscándome amores imposibles para no enfrentarme con los hombres reales, convenciéndome todos los días de que el que quiero es el que no puedo tener cuando, muy seguramente, es mi cobardía tomando posesión de mi vida y mis decisiones.

Por un lado, estoy segura de que sí quiero querer otra vez y por otro, temo profundamente exponerme a otro desastre emocional.

Le agradezco a Dios por todas las cosas buenas que ha puesto en mi camino, por las lecciones aprendidas y por la gente que me ayuda sistemáticamente a levantarme. Pero también pido perdón por ser una tonta, por seguir sufriendo y por seguir ahogándome en preguntas que nunca tendrán respuesta.

De verdad quiero estar mejor, sólo que cuando se cae y se recae en el foso, los ojos se acostumbran a la oscuridad y salir de él se vuelve una tarea mucho más larga y ardua de lo que se pensaba. Y él es mi foso.


4 comentarios:

Dani Truzman dijo...

uno se permite esos momentos hasta que se agotan, o se sustituyen por momentos felices y luego escribes sobre eso.

Como, por ejemplo, que tu mejor amiga ya compró el pasaje... trivialidades de ese tipo, pues.

Ana Sosa M. dijo...

Ayy :(, puedo relacionarme con tu dolor. Las traiciones son la peor decepción. Lo único que me consuela, y ojalá también te sirva, es que si esa persona decidió estar con otra, o querer a otra más que a ti, es porque claramente es un BOLSA que no te merece y menos mal ya no estamos perdiendo el tiempo con alguien así.

No sé, jajaja, it works for me.

Duele, yo sé, pero por qué gastar emociones en alguien que no hizo una inversión emocional en nosotras? Mejor guardémoslas para quien si se las merece...

Te mando un abrazo acompañado de una linterna que opaque la oscuridad de la fosa,

Ani

DINOBAT dijo...

La vida sigue, los dolores pasan, los recuerdos son solo mentiras...

Laura dijo...

¡Gracias! :')