23 de julio de 2011

Por un mundo bien escrito

No tengo ningún delirio de grandeza y sé que mi blog está lejos de ser uno de los más leídos y mejor redactados de la red. Sin embargo, me considero una mujer con suficiente criterio y conocimiento para escribir este post.

Uno de los más terribles males que aquejan a nuestra generación -y mucho más a la de nuestros padres, pero con ellos no es tan evidente- es la mala escritura.

Es inútil echarle la culpa a las circunstancias, que si es el reggaeton, que es culpa de Twilight... No importa, el mal ya está hecho. Jóvenes en todo el país mancillan diariamente nuestro hermoso lenguaje y hacen que Simón Rodríguez y Andrés Bello hagan piruetas en sus tumbas.

Es por esto, que me doy la licencia de escribir este post, porque me preocupa genuinamente que al hablar y al escribir se cometan errores atroces, que la gente sea incapaz de detectarlos y que estos errores se contagien como una plaga ortográfica.

Dígamos que esto es un servicio público.

1. Los verbos en segunda persona y en pasado no llevan S. No se dice: ComisteS, llamasteS, llegasteS, vinisteS... Sí se dice: Comiste, llamaste, llegaste, viniste...

2. "Ay" es una interjección que puede expresar, dolor o sorpresa. "Hay" es la conjugación en presente del verbo "haber". "Ahí" es un adverbio de lugar que puede sustituir a "allí".

3. La palabra "retraso" no lleva Z.

4. Se dice "al final" cuando se va a hablar de la parte final de una situación que transcurre. Sólo se usa "la final" cuando se refiere al último encuentro de un evento deportivo, concurso o competición.

5. Los puntos suspensivos son sólo 3 (...) no 4 ni 5, ni 10.

6. Si se inventaron los signos de puntuación es para usarlos. No es lo mismo "No estaba bueno" a "No, estaba bueno" Una coma puede evitar malentendidos, sentimientos heridos y amigos perdidos.

7. "Feliz" no lleva tilde... ¡Nunca!

8. "Revelar"= mostrar, descubrir. "Rebelar"= iniciar o causar la rebelión, convertirse en rebelde.

9. El verbo "haber" puede ser un verbo auxiliar. Se dice: He dicho, ha hablado. No se dice: eh dicho, a hablado.

10. Existen los superlativos: mejor, peor, hermosísimo, feísimo. Estos adjetivos no admiten el uso de "demasiado" ni "más". Si dices "demasiado hermosísimo" o "lo más peor", eres "demasiado imbecilísimo".


16 de julio de 2011

De confesiones y situaciones...

No le termino de agarrar el gusto a las confesiones, son como como una noche de tragos: te hacen sentir livianita unas horas, pero al día siguiente te hacen arrepentirte de todo. Así son las confesiones para mí.

Contrario a lo que se pensaría de la dueña de un blog, no soy -nunca he sido- una persona abierta, le huyo a las confrontaciones con tanta dedicación que ni siquiera me gusta hablar por teléfono, mi voz siempre me delata.

Temo que este post termine siendo "uno de esos" -con todo el tono peyorativo que se le pueda otorgar a esa expresión-.

Quizás por esa misma falta de "apertura" es que tiendo a caer en estos momentos de, llamémoslo "saturación emocional". Laura aguanta, Laura es paciente, Laura no pelea. ¿Pero cuánto puede aguantar Laura? La respuesta varía, lo que no varía es que inevitablemente siempre llego a este momento infame.

Quiero gritar, llorar, renunciar, correr, retroceder, esconderme... Todo excepto estar en mi pellejo.

Hoy no me soporto.

Hoy es uno de esos días en los que la ansiedad se aloja en mi estómago. Me hace cuestionarme todas y cada una de mis decisiones, casi hasta la histeria.

¿Por qué me metí en esto? ¿Por qué le creo? ¿Por qué me duele? ¿Por qué es así? ¿Por qué sucumbo? ¿Por qué me aguanto? ¿Por qué lo espero?...

Hoy me detesto porque soy una contradicción. Me entrego al vicio, lo padezco, lo aborrezco y me encanta.

Una parte de mí se ocupa en argumentar en contra de la otra, en arruinar su frágil felicidad con hechos tan contundentes como filosos, que la desollan hasta dejarla expuesta y en carne viva. ¡Mi pobre ilusión de felicidad!

En días como hoy deseo vivir en un cuaderno de matemáticas, que todo sea cuadriculado, cuantificable, con márgenes bien claros y que tenga una solución absoluta. Pero la jodida vida no admite "absolutos".

Odio no saber qué va a pasar, odio no saber qué hacer, pero lo que más odio es saber lo que debo hacer y tener miedo de hacerlo.

Me odio a mí, me odio por lo que hago. Lo odio a él, por no dejarme dejarlo y por enfrentarme a mí misma, a mis descuidos, a mi ingenuidad, a mi exceso de confianza y a mi maldita buena naturaleza.

Lo odio, odio sentirme así, me odio por permitirlo y odio este post.

Confesión y descarga concluída. Espero que esto le pueda servir a alguien más que a mí.


...


Ah sí, hoy me convertí en una locutora certificada de la República, this is me celebrating: ...

25 de junio de 2011

La Cadena

Es posible que esté perdiendo un poco la capacidad de producir mis propios contenidos. También es posible que no esté conforme con nada que salga de mi pluma (teclado, pues). Pero considero que si ya hay hombres y mujeres brillantes que han logrado captar la magia de un sentimiento o de una vivencia con hermosas palabras, es válido darles un uso.

Hoy me identifiqué terriblemente con este poema y aquí lo dejo, para su deleite y para el mío.

Recomendación: Léalo solo, en voz alta y saboree cada palabra.


No hablaban sino para desearse en un grito,
no andaban sino para acercarse y caer,
no tocaban sino la piel de cada uno,
no mordían sino sus mutuas bocas,
no miraban sino sus propios ojos,
no quemaban carbón sino sus venas,
y mientras tanto el reino despiadado temblaba,
crecía la crueldad del viento patagónico,
rodaban las manzanas crueles del ventisquero.

No había nada para los amantes.
Estaban presos de su paroxismo
y estaban presos en su propio Edén.

De cada paso hacia la soledad
habían regresado con cadenas.

Todos los frutos eran prohibidos
y ellos lo habían devorado todo,
hasta las flores de su propia sangre.

- Pablo Neruda

30 de mayo de 2011

Estuve contigo

Escuché tu nombre y creí que te veía.

Leí algo que escribiste y creí que había hablado contigo.

Sentí el olor de tu colonia y pensé que caminabas a mi lado.

Vi una foto llena de sonrisas y quise creer que sonreía para ti.

Me arreglé el pelo porque pensé que te vería.

Me tropecé con tu mirada y pensé que era conmigo.

Sentí ansiedad, sentí frío, sentí miedo y supe que todo eso lo causabas tú.

Todo para darme cuenta de que no estuviste allí, pero yo estuve contigo.

26 de mayo de 2011

Sal con una chica que no lee

Una lecturita que llegó a mí gracias a mi querida Jean Mary. La leí y se me erizó la piel, tenía que compartirla.

"Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.


Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.


Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.


Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.


Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.


Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio."

- Charles Warnke


24 de abril de 2011

En una madrugada de abril

Títulos alternativos de este post: "Cuando quiero llorar, me arrecho"; "Pensamientos inconexos en una madrugada pesimista"; "Saturday Night Cry"

- Siempre he pensado que devolver el mal que te hacen es continuar un ciclo de cochinadas que este mundo definitivamente no necesita. Resultado: soy una pendeja que sufre más que Luz Clarita en la casa-hogar.

- Estoy olvidando todo con demasiada facilidad. ¡Hola, Alzheimer juvenil!

- Podría usar un vocabulario mucho más elaborado para escribir esto, pero no me da la gana.

- Si vuelvo a escuchar que soy lo máximo, empezaré a considerar que el mundo entero es "lo mínimo" porque aquí nadie me entiende.

- La gente no cambia.

- Siempre serás querido y alabado en la medida en que necesiten de ti.

- El que no arriesga, no gana. El que arriesga tampoco.

- Es mejor un amor platónico que uno imposible. Y sí, sí hay diferencia.

- Si tengo que escoger entre dos errores, prefiero escoger el que no he cometido antes.

- Si la negación fuera un territorio, ya hubiese abierto un resort allí.

- Cuando te repites diariamente que algo -o alguien- no te importa, puedes hacer que TODO te deje de importar. Es un efecto indetenible.

- Lo que la desconfianza separa, nada lo vuelve a unir.

- La mejor y más efectiva forma de olvidar tus problemas es ocuparte en los de los demás.

- Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. A menos que tu vida sea como un ascensor averiado.

- El drama atrae más drama.

- Estar sola es igual de horrible que estar mal acompañada.

- Caracas no está en temporada de sequía un coño, la que está en sequía soy yo.

- La primera vez que te hacen daño, es culpa del otro. Cuando dejas que te lo vuelvan a hacer, es culpa tuya y a ti no te puedes retirar la palabra ni borrar del Blackberry Messenger.

- Lo que vale la pena tener en la vida es difícil de alcanzar. Por eso es que aquí nadie tiene nada.

- Las relaciones humanas eran más fáciles antes de las redes sociales. No en vano dicen que ignorance is bliss.

- La fina línea que divide el perdón del olvido realmente no existe.

- Detesto este post.

1 de abril de 2011

No sé si es amor, pero lo parece...


Hoy, por primera vez desde que abrí este blog y abrí esta caja de Pandora que tengo por cabeza, he decidido escribir sobre el amor... o sobre lo que parece ser amor, al menos.

No suelo caer en estas cursilerías y, francamente, no creo en el amor como lo pintan. Pero hay dos hechos específicos que han logrado tambalear mis convicciones.

El primero es la no-historia de "los viejitos de Altamira", la llamo no-historia porque no sé realmente nada sobre ellos, pero con verlos no puedo evitar que mi imaginación vuele.

"Los viejitos de Altamira" son dos señores que, religiosamente, están en la Plaza Altamira esperando el Metrobús a las 9 de la mañana todos los días, puntuales como un reloj suizo. El señor siempre va vestido igual: de marrón y con un bolso gris medio raído al hombro. Él siempre espera a que su mujer -una señora bajita y rechonchita con cara de dulzura- se monte en el autobús y se vaya.


El señor, increíblemente no se mueve del sitio hasta que el Metrobús se pierde de vista -lo sé, porque después de notar este comportamiento, los veo con mucho más detalle- y ella, desde su asiento, no deja de verlo y de despedirse con la mano hasta que la plaza se pierde de vista en una esquina.

Mientras más los veía, más me sorprendían ¿Es posible que después de una vida entera juntos, haya personas que aún sienten tanto cariño uno por el otro? ¿Es posible que haya un cariño tan fuerte, como el que hace sentir a ese señor la necesidad de compartir hasta el último instante posible con su viejita?

No sé si sea amor, pero parece.

Por otro lado, hoy tuve la oportunidad de estar frente a frente con un ejemplo de que para algunos sí aplica lo que predicaban los Beatles: "All you need is love".

Hoy compartí un rato con la familia que viaja en El Bicho Latino: Matu, Shanti y su hijita, Zaina. Debo admitir que la buena vibra que irradia esta pareja de viajeros es impactante y cuando te cuentan su historia, se vuelve casi abrumadora.

Es como estar frente a una novela de carne y hueso, de esas en las que el galán dice: "Dejémoslo todo y huyamos".

Matu es argentino, fotógrafo y exitoso diseñador gráfico, amante del sol y la playa. En una de sus escapadas al mar, conoce a Shanti, una belga que se dedica a la fotografía de moda por profesión y a retratar imágenes de la naturaleza por pasión. Como era de esperarse, Matu y Shanti se juntan.

La parte más admirable de la historia es la que viene. Luego de estar juntos un tiempo, deciden dejarlo todo atrás -casa, familia, trabajo- para lanzarse a la aventura de viajar por el mundo. Sin más que unos pocos ahorros y un autobús bautizado como "El Bicho Latino", Matu y Shanti comienzan su aventura por América. Así fue como, hace 5 años atrás, salieron de la Patagonia a viajar por el continente.



Unos años después, en la selva de Ecuador, nace Zaina, la nena más dulce que se podrán encontrar -tomen en cuenta que yo soy el ser menos maternal del mundo, pero admito que estaba derretida con la muñequita- quien, junto a la perra Marta que fue adoptada después en Colombia, pasa a ser parte de esta "familia rodante", corta en dinero, pero rica en afecto.

Al sol de hoy, El Bicho Latino está parado -y averiado- en La Floresta (Caracas) y lleva en Venezuela un poco más de dos años. Matu y Shanti, ambos perdieron sus cámaras fotográficas y gran cantidad de dinero en gastos de supervivencia. Cualquiera que no los conozca pensaría que la travesía del Bicho llegó a su fin y que, luego de tantas dificultades, la relación de la pareja no aguantará mucho más.

Sin embargo, el espíritu de estos viajeros no sólo los mantiene motivados a continuar su recorrido -planean tomar un barco hasta Panamá y, eventualmente, llegar a México- sino que los mantiene, al menos en apariencia, tan enamorados el uno del otro como una pareja en su luna de miel.

Mientras Matu habla, Shanti lo acaricia en la espalda y lo reconforta, cuando le toca a ella hablar, Matu la observa en silencio y casi con devoción. Es imposible estar en presencia de esta pequeña familia y no desear todo lo que ellos tienen: un cariño tan sólido que no lo rompe ni los años ni los obstáculos.

No sé si sea amor, pero lo parece... Y, francamente, si nada de esto es amor, no sé qué lo sea.



5 de marzo de 2011

Disculpas obligadas

Esta es una carta abierta de disculpas dirigida a mi blog. Cualquier parecido con las palabras que hace tiempo quiero oír y nunca llegarán, es pura coincidencia.

Hola, Blog

Soy yo, la desalmada que te ha tenido sin cuidado estos últimos meses. La egoísta que no acude a ti a menos que esté deshaciéndose de tristeza o tenga algún logro particularmente importante que quiera gritarle al mundo. Como verás, reconozco que siempre me pongo a mí antes que tú. Soy terrible.

Confieso que he encontrado placer en otros brazos. Me dan satisfacción inmediata, pero no dura. No son como tú que me permites expresarme, ser tan intensa o tan superficial como quiero, que aceptas mis chistes malos y mis metidas de pata tan bien como aceptas mis breves destellos de brillo. Siempre lo he sabido, sólo he tenido miedo de aceptarlo. No quiero sentir (asumir) que dependo de alguien para sentirme plena.

De alguna u otra forma, todo este tiempo que estuvimos separados siempre he pensado en volver a ti; pero no había encontrado una manera lo suficientemente "grande" para llenar el abismo que se abrió entre nosotros con esta separación. Por eso decidí ser sincera. Siempre he creído que la sinceridad es bien recibida cuando no se tienen reservas en exponer los sentimientos completamente.

Me avergüenza que la causa que me impulsó a volver sea, una vez más, que tengo el corazón maltrecho. Pero me avergüenza aún más que esta vez toda la culpa es mía, porque te olvidé, olvidé lo que vivimos, olvidé todas las veces que acudí a ti llorando con un nudo en la garganta y, evidentemente, olvidé la causa de esos amargos días.

No sé si esto te haga sentir mejor, pero como ves, karma is a bitch y aquí estoy de nuevo arrepentida y con el rabo entre las piernas. Una prueba viviente de que la estupidez femenina no tiene fin y de que el wishful thinking no es sino pura mierda -"Desea todo lo que quieras, carajita, que el mundo se encargará de negártelo"-.

Quisiera prometerte que esto no va a volver a pasar, que aprendí de mi error; pero ya a estas alturas y con todo lo que nos conocemos, sería un insulto de mi parte mentirte de esa forma, ambos sabemos que Laura Carolina no aprende de sus errores.

Lo que sí te prometo con el corazón en la mano -Qué feíto lo tengo ya ¿verdad? Parece Rocky después de la coñaza del ruso aquél- es no volver a caer en este foso. Ni tú ni yo nos merecemos esto. Tú te mereces anécdotas felices y yo me merezco la posibilidad de vivirlas.

Quiero que volvamos a ser nosotros y que esto no sea más que un bache en el camino, que una vez pasado lo podamos dejar atrás.

Permíteme demostrarte que sigo teniendo todas aquellas cosas buenas que te dejé ver una vez y que las malas, aunque usted no lo crea, cada vez son menos. La madurez me ha llegado de a poquito, como un cuenta gotas, pero he absorbido cada una con avidez, para que nada malo nos vuelva a pasar.

Por favor, consigue en tu interior la forma de perdonarme y siéntete en la libertad de cerrarme las puertas por completo si te vuelvo a fallar tan descaradamente, porque sabré que no valgo ni una letra en tu espacio. Pero por lo pronto, estaré aquí para demostrarte que estoy all in, que quiero que esto funcione y que entendí que el único que siempre está - y quiero que esté- para mí eres tú.

Se despide con lagrimitas en los ojos,

Laura